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  • Jacky Cepeda

Fechas Importantes.


Después de la partida de mi princesa, las fechas especiales de nuestra familia tomaron otro rumbo. Desde ese día, su cumpleaños, Día de Madre, del Padre, Vacaciones e incluso Navidad, han sido días de aliento y peregrinaje. Han sido, sin duda alguna, más importantes que antes.


El primer gran día sin ella fue su cumpleaños. 11 añitos de vida. Todo ocurrió un mes antes de su celebración. Ese día, sin su presencia, solo hubo muchos recuerdos que nos llegaron al corazon!

Fue un día crudamente difícil. Eterno e imposible de superar. Pero ahí estábamos como familia, agarrados de las manos y con el corazón destrozado, pero con la fé intacta y la esperanza de que los años alivianarían la carga emocional.

Pensaba en ella. En lo feliz que hubiera sido festejarle su cumpleaños . En los planes que teníamos para ese gran día y en lo mucho que lo hubiéramos disfrutado. Anhelaba su presencia. Se me había ido. Y para siempre. Todo quedo solo en recuerdos.. sus besos, sus abrazos y esa felicidad que ella siempre reflejaba.


Después llegó Halloween. Ver disfrazado a Martin, mi hijo y abrir la puerta y recibir a niños que con alegría llegaban a cantar y a pedir dulces, nos hizo recordar aún más a nuestra hija. Pensábamos en sus travesuras inocentes y en lo feliz que estaría.

Después, el tan anhelado Diciembre. Tal vez fue la fecha más difícil. Ella amaba esa época y no tenerla a nuestro lado fue algo que nos carcomió el alma. Ese Diciembre decidimos regalarle a muchos niños sonrisas y detalles en nombre de ella. En nombre de ese corazón inocente que se nos había ido cargado de ilusiones y sueños. Repleto de enseñanzas y de amor a los demás. Por ello, de ahí en adelante lo seguimos haciendo.


Y así fueron pasando todas las fechas importantes. Cada una tenían un significado importante y nos sentíamos mal el saber que no lo iba a celebrar con nosotros. Y no solo para mí, también para el resto de nuestra familia. Siempre notando su ausencia. Pero poco a poco me fui habituando a que no iba a estar en presencia física, sino en mi mente y corazón.


Ahora que han pasado ya 3 años y 7 meses, esos días especiales importantes para la familia la traigo a mi mente y la visualizo. Ahí, disfrutando con nosotros cada momento y siendo feliz. Por eso cada vez que pienso en ella me transporto a ese cielo inmenso de un azul fascinante. Me la imagino reposada en esas nubes blancas y allí, ella brillando con su luz propia, en una inmensa felicidad y contagiándonos a nosotros.


Para ti, que me lees, ese dolor toma tiempo. Todo es cuestión de saber manejar cada día que va llegando. Vivirlo y sentir que ese ser amado desea verte feliz. En mis días difíciles, que aún los tengo, me aferro a los hermosos momentos compartidos, a esos recuerdos que quedaron tatuados en mi alma y, algunas veces, me lleno de felicidad y calma leyendo las noticas que ella, en su infinita pureza y nobleza, me escribía con tanto amor.


Y acá estamos. Dando pasos gigantes. Caminando con mi esposo y mi hijo hacia el mismo lado. Juntos, luchando por ser un bastón del tamaño de un rascacielos. Impregnados de fuerza, de aliento diario y de sed de entendimiento. Pero, en especial, de un amor incalculable de la tierra a su cielo.


Gracias por leerme.

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